A diferencia de Europa, donde la figura de la bruja estuvo claramente definida y perseguida durante siglos, en las culturas orientales no existe un equivalente directo al concepto occidental de brujería.
Sin embargo, Asia cuenta con una rica tradición de figuras femeninas asociadas a lo sobrenatural, lo espiritual y lo temido, surgidas del folklore, la religión y las creencias populares.
Este artículo analiza estas figuras desde una perspectiva histórica y cultural, separando el mito de la realidad.
El chamanismo femenino en la antigua China

En la China antigua existían las wu (巫), mujeres chamanas cuya función era actuar como intermediarias entre el mundo humano y el espiritual.
Estas figuras no eran consideradas brujas, sino especialistas rituales que realizaban ceremonias para invocar lluvias, proteger comunidades o comunicarse con los antepasados.
Su papel estaba integrado en la estructura social y religiosa, especialmente durante las dinastías Shang y Zhou.
Con el tiempo, la expansión del confucianismo y del taoísmo institucional relegó a estas mujeres a un segundo plano, y algunas prácticas comenzaron a verse con recelo.
Aun así, no hubo cazas de brujas comparables a las europeas, sino una reinterpretación cultural del poder espiritual femenino.
Espíritus femeninos en el folklore japonés

Japón desarrolló una compleja mitología de yōkai, entidades sobrenaturales entre las que destacan figuras femeninas como la yuki-onna, el espíritu de la nieve, que lejos de ser una hechicera humana, es una manifestación de la naturaleza hostil del invierno, presente en relatos documentados desde el período Edo.
Estas figuras cumplían una función moral y simbólica: advertir sobre los peligros del entorno y explicar fenómenos naturales.
En ningún caso se trataba de mujeres reales acusadas de brujería, sino de seres mitológicos profundamente arraigados en la tradición oral japonesa, y que, en algunos relatos, se asociaban a mujeres fallecidas.
Espíritus vengativos y superstición en el subcontinente indio

En la India, el concepto más cercano a la brujería se encuentra en las churails o chudails, espíritus femeninos del folklore rural.
Según la tradición, representan a mujeres que murieron de forma injusta, a menudo durante el parto o tras sufrir marginación social.
Estas entidades forman parte del imaginario popular y aparecen en relatos transmitidos durante generaciones.
Es importante distinguir entre el mito y la realidad social: aunque las churails son figuras legendarias, en algunas zonas rurales persisten acusaciones reales de brujería contra mujeres vivas, un fenómeno documentado por organismos de derechos humanos.
Aquí, el mito se convierte en una herramienta de exclusión social, no en una tradición religiosa formal.
Ascetismo femenino y confusión cultural

Una confusión habitual en Occidente es asociar a las sadhvis —mujeres ascetas del hinduismo— con la brujería.
En realidad, estas figuras practican la renuncia espiritual, la meditación y el estudio religioso.
Son respetadas dentro de su contexto cultural y no realizan hechicería ni rituales mágicos, por lo que no deben incluirse en relatos sobre brujería oriental.
Este error refleja la tendencia a aplicar categorías europeas a realidades culturales distintas, lo que distorsiona la comprensión histórica.
Interpretación moderna y enfoque académico
Hoy en día, estas figuras son estudiadas desde la antropología, la historia de las religiones y el folklore comparado.
Lejos de interpretaciones paranormales, se analizan como expresiones del miedo, la moral, el entorno natural y el papel de la mujer en sociedades tradicionales.
Comprender estas tradiciones permite apreciar la diversidad cultural de Asia y evitar simplificaciones.
Las llamadas “brujas orientales” no son brujas en sentido estricto, sino espíritus, chamanas o símbolos mitológicos que reflejan la complejidad de cada civilización.
















