El cine de animación japonés, y el anime en sí mismo, ha ejercido una influencia profunda y duradera en la narrativa audiovisual contemporánea.
Obras como La Princesa Mononoke (1997), dirigida por Hayao Miyazaki, por ejemplo, redefinieron el mensaje ecologista y antibelicista, estableciendo un lenguaje visual, simbólico y narrativo único.
Con el tiempo, varias producciones de Hollywood han replicado algunos elementos de animes de forma notable, reutilizando estructuras narrativas, imágenes y conceptos sin reconocimiento explícito.
Así, la reutilización de ideas propuestas por estas animaciones orientales sin dicho reconocimiento es conocida como “plagio invisible”, y se manifiesta con especial fuerza en varios casos emblemáticos que siguen generando debate.
Este artículo analiza dos casos representativos en los que los paralelismos van, para muchos, más allá de la simple inspiración, mostrando la profundidad de la influencia de artistas como Miyazaki y Tezuka en la animación global.
Blancanieves y el cazador vs. La Princesa Mononoke

Blancanieves y el cazador (2012) se presentó como reinterpretación oscura del cuento europeo, pero muestra paralelismos claros con La Princesa Mononoke.
En ambas obras, el bosque no es un escenario pasivo, sino una entidad viva, consciente y moralmente activa.
Cuando Blancanieves se adentra sola, los árboles y raíces parecen reaccionar a su presencia, igual que en Mononoke, donde el bosque responde a los humanos armados mediante movimientos antinaturales y luces opresivas, reforzando la tensión narrativa.
Los Kodama, pequeñas criaturas luminosas de Mononoke, encuentran su paralelo en los seres de luz que acompañan a Blancanieves, indicando aceptación por la naturaleza y reforzando la conexión espiritual de la protagonista con el entorno.
La escena en la que Blancanieves es “bendecida” por el bosque reproduce casi plano por plano la secuencia en la que la princesa Mononoke se mueve entre ciervos bajo el Shishigami, reflejando una interacción profunda y simbólica entre personaje y ecosistema.
El cazador cumple un rol similar al de Ashitaka, mediando entre el mundo humano y el natural, reforzado visualmente por encuadres que muestran reflexión y aislamiento.
La respuesta de la naturaleza ante la corrupción humana se presenta casi idéntica: hostilidad orgánica ante el desequilibrio ambiental, donde el bosque actúa como un organismo vivo que protege su equilibrio, transmitiendo un mensaje ecológico y moral que va más allá de la narrativa tradicional.
El Rey León vs. Kimba, el león blanco

Kimba, el león blanco (Jungle Taitei), creado por Osamu Tezuka en 1965, es una de las obras fundacionales del anime moderno.
La serie y sus posteriores películas presentan a un joven león que debe asumir el liderazgo tras la muerte de su padre, enfrentándose a conflictos morales, traiciones internas y la tensión entre tradición y progreso humano.
El Rey León (1994) desarrolla una premisa sorprendentemente similar.
Simba, al igual que Kimba, es un cachorro destinado a reinar, marcado por la muerte de su padre y obligado a exiliarse antes de regresar para reclamar su lugar.
Aunque Disney ha negado reiteradamente cualquier influencia directa, las coincidencias van más allá del esquema narrativo básico.

Existen paralelismos visuales ampliamente documentados: escenas en las que el protagonista observa el reino desde una roca elevada, la aparición espiritual del padre en el cielo, el antagonista con rasgos oscuros y cicatriz facial, e incluso planos casi idénticos de animales corriendo por la sabana.
En Kimba, estas imágenes aparecen décadas antes, con un lenguaje visual ya consolidado.
El simbolismo también coincide.
Ambas obras presentan el liderazgo como una responsabilidad ética más que como un derecho hereditario. El rey no es quien domina, sino quien mantiene el equilibrio entre especies, un concepto recurrente en la obra de Tezuka y central en el arco narrativo de Simba.
La polémica se intensificó en Japón, donde la similitud fue percibida como evidente.
Allí, la falta de reconocimiento oficial por parte de Disney se interpretó como una apropiación cultural, especialmente considerando la relevancia histórica de Tezuka como “el padre del manga y el anime”.
¿Casualidad o plagio?
¿Vosotros habíais notado estos paralelismos? ¿Qué pensáis? ¿Casualidad o plagio?
Y si fue inspirado, ¿creéis que es apropiado mantener oculta la historia original que inspira las obras solo porque está enfocada a un público objetivo distinto, o merecería, al menos, una mención?


















