Uno de los pequeños secretos de Hermione
Una de las piezas más singulares del mundo mágico es el giratiempos de Hermione Granger, un dije que para cualquier muggle podría pasar desapercibido, pues su apariencia era sencilla, formada por un pequeño reloj de arena situado en el centro y varios círculos metálicos dorados que lo rodean, conformando una joya elegante que guarda en su interior un poder considerado capaz de cambiar el destino.
Hermione recibió este objeto durante su tercer año en Hogwarts, con autorización para usarlo a fin de asistir a varias asignaturas cuyos horarios coincidían, de modo que el artefacto quedó ligado a su exigente rutina académica y permaneció como uno de los pequeños secretos de la joven bruja durante el tercer libro de la saga, Harry Potter y el prisionero de Azkaban, siendo la explicación para sus constantes apariciones y desapariciones entre clases.

El poder de regresar unas horas
El giratiempos contiene un encantamiento capaz de transportar a una bruja o mago hacia un momento anterior, aunque su funcionamiento está limitado a periodos breves y requiere un control cuidadoso del tiempo.
Dentro del mundo mágico, estos artefactos son extraordinariamente poco frecuentes y su utilización está sometida a estrictas condiciones pues quien lo utiliza debe actuar con responsabilidad, evitar encontrarse con su propia versión del pasado, mantener su presencia oculta y respetar los acontecimientos que todavía deben suceder.
Para Hermione, aquella facultad comenzó vinculada al estudio, ya que su enorme carga de asignaturas que quería cursar hacía necesario encontrar horas adicionales dentro de una misma jornada, convirtiendo el viaje en el tiempo en una solución excepcional para una estudiante igualmente excepcional, sin embargo, la verdadera importancia del objeto apareció cuando las horas recuperadas adquirieron otro significado; entonces, una situación crítica podía contemplarse desde una segunda oportunidad temporal, con la posibilidad de actuar antes de que determinados acontecimientos alcanzasen su desenlace fatal, aún si esto estaba en la fina línea entre lo permitido y lo prohibido al usarlo.

Cuando unas horas pueden cambiar una historia
En Harry Potter y el prisionero de Azkaban, el giratiempos adquiere un papel decisivo cuando Hermione y Harry regresan unas horas para intervenir en acontecimientos que parecían encaminados hacia un final irreversible. De este modo, el uso del artefacto les permite actuar sobre el destino de Sirius Black y Buckbeak, dos personajes cuya vida dependía de lo ocurrido aquella noche.
La escena convierte el pequeño reloj de arena en uno de los elementos más memorables de la tercera aventura de Harry Potter, pues Hermione demuestra que su inteligencia y valentía pueden alcanzar un nivel extraordinario cuando necesita resolver una situación límite, y el giratiempos queda ligado a ese momento de la saga y a la responsabilidad que implica manipular el tiempo.
Sin embargo, hay una escena particular que plantea una duda significativa: ¿el destino realmente puede cambiarse o sus acciones mediante el giratiempos son parte de lo que deberían ser?
Se trata del momento en que Harry, esperando por ver el Patronus que creía de su padre, y le había salvado en el pasado entiende que se trata de su propio Patronus y lo utiliza para salvarse de los Dementores. Este momento es significativo pues revela una paradoja sustancialmente importante: de no haber visto y confundido ese Patronus en el pasado, su yo del futuro no se habría quedado allí, esperándolo, y jamás habría pensado en que podría usarlo para salvarse a sí mismo, por lo que probablemente nunca habría tendido la oportunidad de viajar en el tiempo para rescatar a Sirius Black y Buckbeak...
Este acontecimiento también nos da a entender que, lo que en el pasado creyeron fue el fin de Buckbeak e incluso la captura de Sirius Black, podría haber sido sólo una impresión, y desde un principio estos habrían sido rescatados por ellos sin que sus yo del pasado lo supieran... Algo que también se reafirma con una sutil pista, cuando el verdugo de Buckbeack, molesto porque su presa ha escapado, corta una calabaza en su lugar, generando el sonido que el trío pensó, significaba el fin del animal...
Aquel reloj de arena y sus anillos dorados evocan una magia capaz de abrir una oportunidad en el instante preciso, pero también la idea de que uno es dueño de su propio destino. Incluso puede que sea un recordatorio de que las oportunidades no regresan, sino que es uno quién debe creárselas por sus propios medios, ir a buscarlas, o tomarlas cuando llegan, pues lo hacen en el tiempo justo, y ese momento para atrapar una oportunidad, suele ser ahora...
¿Y vosotros? ¿Qué cambiaríais de vuestra vida si pudierais retroceder en el tiempo? ¿Os arriesgaríais sabiendo que cada decisión podría modificar el presente de una forma inesperada, y el resultado quizá no sería el esperado?
Cambiar un momento del pasado también podría transformar todo lo que vino después, pero podría no hacerlo...
Una elección diferente modificaría relaciones, caminos y circunstancias que forman parte de la vida, e incluso aquello que hoy parece un error podría haber conducido a personas, experiencias o recuerdos que jamás existirían, por ello, la decisión más importante es la que se toma en el presente, independiente de cuánto esta pueda modificar el futuro... o el pasado...
Después de pensarlo ¿todavía querríais cambiar vuestro pasado, o preferiríais forjar vuestro futuro de las decisiones presentes?