España conserva algunas de las fortalezas medievales más espectaculares de Europa. Muchas fueron construidas sobre montañas, riscos o colinas estratégicas para controlar caminos, fronteras y territorios enteros. Siglos después de su construcción, algunas de estas fortalezas siguen resultando tan impresionantes que es fácil relacionarlas con los castillos descritos por George R. R. Martin en las novelas de Canción de Hielo y Fuego o con los escenarios vistos en la serie Juego de Tronos.
Entre todos ellos destacan cuatro castillos que, por su ubicación, aspecto o atmósfera, parecen pertenecer al mundo de Poniente: Zafra, Almodóvar del Río, Loarre y Ponferrada.
Castillo de Zafra: la fortaleza del secreto

El Castillo de Zafra en Guadalajara, España, fue construido durante el siglo XII sobre una estrecha cresta rocosa.
Lo primero que llama la atención es que apenas parece haber sido construido sobre la roca: parece surgir directamente de ella.
Las torres se elevan sobre enormes bloques de piedra desnuda y los muros siguen las formas irregulares del terreno.
Desde la distancia, el conjunto da la impresión de ser una fortaleza casi inaccesible.
No es casualidad que se eligiera para representar la Torre de la Alegría en la serie Game of Thrones, hecho por el que adquirió fama internacional.
En la serie, ese lugar debía transmitir aislamiento, misterio y una sensación de estar situado en el fin del mundo. El castillo ya poseía exactamente esas características.
Las escenas clave relacionadas con el pasado de Ned Stark y el origen de Jon Snow fueron rodadas en él, aprovechando que ya transmitía aquella sensación.
Castillo de Almodóvar del Río: el castillo de los grandes señores

El Castillo de Almodóvar del Río domina una colina sobre el valle del Guadalquivir desde hace más de mil años.
Su origen es islámico, aunque fue ampliado y transformado durante siglos.
Varias torres almenadas sobresalen sobre las murallas formando una especie de corona de piedra visible desde kilómetros de distancia.
La producción de Juego de Tronos lo utilizó para representar Altojardín, la residencia de la Casa Tyrell.
La elección resulta fácil de entender: en los libros, Altojardín es descrito como la sede de una de las familias más ricas y poderosas de Poniente, rodeada por tierras fértiles y jardines.
El castillo cordobés comparte esa imagen de poder señorial. No transmite únicamente fuerza militar, también proyecta riqueza, prestigio y control sobre el territorio circundante, exactamente lo que se esperaba de la casa más poderosa del Dominio.
Castillo de Loarre: una fortaleza digna del Norte

Construido en el siglo XI, el Castillo de Loarre se alza sobre una montaña en la provincia de Huesca.
Es uno de los castillos románicos mejor conservados de Europa, sus murallas siguen las curvas de la montaña y parecen formar parte del propio paisaje. Las torres de piedra gris se recortan contra el horizonte de los Pirineos, mientras los bosques y las llanuras se extienden a sus pies.
Aunque nunca apareció en la serie, muchos aficionados lo comparan con las fortalezas del Norte de Poniente.
No existe una equivalencia oficial, pero sus enormes murallas, su aspecto austero y su entorno montañoso recuerdan la imagen que los lectores suelen imaginar al pensar en Invernalia o en otras fortalezas septentrionales descritas.
Castillo de Ponferrada: el poder de una fortaleza templaria

El Castillo de Ponferrada, en León, fue una de las principales fortalezas de los caballeros templarios en la península ibérica.
A diferencia de otros castillos más estilizados, aquí domina la sensación de poder militar. Las murallas son enormes, las torres se multiplican alrededor del recinto y las puertas defensivas muestran claramente su función estratégica.
Quien lo contempla puede imaginar fácilmente un castillo perteneciente a alguna de las grandes casas nobles de Poniente.
Sus dimensiones y complejidad recuerdan a las fortalezas fronterizas descritas en las novelas, construidas para proteger territorios enteros y albergar guarniciones permanentes.
Especialmente llamativas son las distintas líneas defensivas que rodean el recinto, una característica que encaja perfectamente con las grandes fortalezas militares del universo de Juego de Tronos.
Escenarios españoles de Juego de Tronos, más allá de los castillos
Además de los castillos medievales, España aportó varias localizaciones reales que la producción de Juego de Tronos utilizó, casi sin necesidad de transformación, aprovechando su arquitectura y su entorno tal como existen.
El Real Alcázar de Sevilla fue elegido para representar los Jardines del Agua de Dorne.
Sus patios interiores, con arcos de herradura, azulejos, fuentes y estanques, crean un espacio cerrado donde el agua y la luz son protagonistas, encajando con la imagen de un palacio cálido y refinado.
La ciudad monumental de Cáceres se convirtió en Desembarco del Rey.
Sus calles de piedra, torres medievales y plazas irregulares sirvieron como base para la capital de Poniente, complementada con efectos digitales para ampliar la ciudad y reforzar su escala política.
El conjunto de San Juan de Gaztelugatxe se utilizó como Rocadragón.
Su acceso por un estrecho puente de piedra sobre el mar, unido a una subida de más de 200 escalones, refuerza la sensación de lugar aislado, estratégico y difícil de alcanzar.
El yacimiento romano de Itálica, cerca de Sevilla, fue transformado en el Pozo Dragón.
Su anfiteatro de piedra, con forma circular y gradas profundas, sirvió como escenario para reuniones clave dentro de la historia.
Cada uno de estos espacios reales aportó una identidad visual distinta a la serie, integrando arquitectura histórica y narrativa audiovisual en una misma composición visual.
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